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Zamora
Real Cofradía del Santo Entierro
VIERNES SANTO
Por Real Orden del 9 de septiembre de 1925, el rey Alfonso XIII le concede el título de Real. La cofradía representa de forma solemne el cortejo oficial ante Cristo Muerto en el que participan además representaciones de todas las cofradías zamoranas y de las distintas instituciones civiles, militares y religiosas.
HISTORIA
La Real Cofradía del Santo Entierro se funda en 1593 con carácter gremial, en este caso vinculada al de sederos y tejedores, como apunta el historiador Florián Ferrero. Con el paso de los siglos, ha pasado a ser en Zamora la más solemne representación del entierro de Cristo.
Es erigida canónicamente en la iglesia de San Esteban, organizando el Sermón del Descendimiento con un Cristo articulado, que posteriormente era introducido en una urna iniciando así la procesión con el resto de las imágenes. Finalizado el sermón se iniciaba la procesión a la que acompañaban las insignias y pasos siguientes: María Magdalena, Longinos, El Descendimiento, Cristo Descendido, La Cruz, San Juan y Nuestra Señora y el Santo Sepulcro. Parte de estas imágenes estaban al culto en la capilla del lado de la epístola del ábside de la iglesia de San Esteban, propiedad de la cofradía. Este rito del Descendimiento fue recuperado en 2011, presentando al Jesús Muerto a su Madre, la Virgen de los Clavos, en un acto que se programa media hora antes del inicio oficial de la procesión
Ya antes del S.XVIII la cofradía experimenta una fuerte crisis, desapareciendo momentáneamente en dicho siglo, si bien la procesión continuaba saliendo a la calle en la tarde del Viernes Santo organizada por los devotos y fieles de San Esteban.
En 1771 se recupera la cofradía como tal y retorna a la actividad. Tras esta restauración recupera lentamente su prosperidad que le permite, mediado el siglo XIX, renovar íntegramente su patrimonio artístico, configurando la cofradía prácticamente tal y como ha llegado a nuestros días. Por la gran devoción que suscita el Cristo de las Injurias entre los zamoranos, la cofradía da además pie a la fundación de la Cofradía del Santísimo Cristo de las Injurias (del Silencio), incorporando una nueva procesión a la Semana Santa zamorana en lo que previamente era un traslado popular del Cristo a la iglesia de San Esteban.
Esta cofradía cita desde sus inicios la figura de un campanillero o esquilillero que hacía sonar las campanas para anunciar la llegada de la procesión, el conocido popularmente como Barandales. La necesidad de contar con este personaje se debe a que antiguamente las campanas de las iglesias zamoranas no podían sonar desde el Jueves Santo al Domingo de Resurrección por la tradición litúrgica y era esta figura la que anunciaba a los fieles las distintas celebraciones, especialmente en las cofradías históricas de Jueves y Viernes Santo como Vera Cruz, Santo Entierro y Nuestra Madre, si bien en la actualidad participa de muchas más procesiones.
Por su implicación en la vida cofrade de la ciudad cuenta en la Plaza de Santa María la Nueva, junto al antiguo y futuro museo de la Semana Santa, con una escultura en bronce realizada por Ricardo Flecha.
Como curiosidad y al igual que ocurre en la tarde del Jueves Santo, la cofradía tiene una dispensa para celebrar en los alrededores de la Catedral las tradicionales meriendas donde cofrades y cargadores se encuentran con sus familias y hacen una pequeña parada con un refrigerio para coger fuerzas. Los pasos hacen fondo en el atrio y plaza de la Catedral mientras, la Urna y la Virgen de los Clavos permanecen en el interior del templo hasta que emprenden el camino de regreso.
IMÁGENES
Los pasos que desfilan cada tarde de Viernes Santo en la procesión de la cofradía son: La Magdalena, La Conversión del Centurión, La Lanzada o Longinos, Santísimo Cristo de las Injurias, el Descendimiento, la Piedad, el Descendido, Conducción al Sepulcro, San Juan y Ntra. Señora, Retorno al Sepulcro, la Urna y la Virgen de los Clavos.
La Magdalena. Angel Marcé (1892)
Se conoce la existencia de diferentes imágenes de la Magdalena a lo largo de toda la historia de la cofradía. La imagen actual sustituye a otra del mismo autor encargada en 1880, que provocó diferentes tensiones en el seno de la hermandad. En 1892 una persona ajena a la cofradía, posteriormente nombrada hermano de honor, regala la actual, con una importante similitud con la anterior aunque de mayor calidad. La actual mesa sobre la cual desfila se estrenó en 1912, siendo ampliada posteriormente.
La imagen de la Magdalena está vinculada a la cofradía desde por lo menos 1619, año en el cual consta la existencia de un «pomo» o bote de perfumes, símbolo que hace referencia a la representación iconográfica de la santa, que mezcla hasta cuatro personajes: María, hermana de Lázaro y Marta; la adúltera casi apedreada y que Jesús perdona; la pecadora que le unge los pies y la discípula que acompaña al Señor en su predicación, en la Cruz y es testigo de la Resurrección: María de Magdala. El Concilio Vaticano II revisa la figura de la Magdalena ciñéndose a lo que dice el Evangelio sobre ella: que era discípula del Señor, que expulsó de ella demonios, que le siguió en su predicación itinerante, le acompañó en el Calvario y fue la primera en ver al Señor Resucitado, anunciando a los apóstoles la resurrección del Señor.
La Conversión del Centurión. Fernando Mayoral (2001)
Representa el pasaje evangélico de la conversión del centurión que vigilaba a los reos en el Calvario. El grupo se terminó en el año 2000, participando por primera vez en la procesión del Santo Entierro al año siguiente. La mesa es posterior al grupo, obra del tallista zamorano José Antonio Pérez.
La Lanzada o «Longinos». Ramón Álvarez (1868)
Grupo escultórico tallado por el imaginero local para la Cofradía del Santo Entierro sustituyendo otro anterior de papelón con las mismas imágenes, cuyo Crucificado se venera en la iglesia de San Antolín con el nombre de Cristo del Calvario. Es ésta la advocación original de dicho grupo, conociéndose tal escena desde el S. XVII; al introducirse el caballo de Longinos es cuando se transforma su denominación. El grupo fue bendecido el Lunes Santo 6 de abril de 1868 en la iglesia de San Esteban, efectuando su primer desfile el Viernes Santo de dicho año y realizándose un homenaje a su autor durante la procesión ante la casa de Ramón Álvarez, situada en la cuesta de Balborraz, por donde pasaba la cofradía. Hasta 1955 fue cargado a hombros, año en el cual se decide ponerlo a ruedas, hasta que a finales del siglo XX volvió a hombros en dos turnos de cargadores. La mesa se compone de dos partes: la alta, obra de Julio Gómez de 1928 y la baja de Ricardo Flecha de 1998.
El Cristo de las Injurias. Anónimo (S.XVI)
Impresionante Crucificado venerado en la capilla de San Bernardo de la Catedral de Zamora, siendo propiedad del cabildo de dicho templo. Es el titular de la Real Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias – Cofradía del Silencio, aunque comenzó desfilando en 1902 en la procesión de la Real Cofradía del Santo Entierro, en cuyo cortejo sigue participando. La autoría de la talla se desconoce, aunque tradicionalmente se le ha atribuido a Gaspar Becerra, si bien existen otras atribuciones a autores tan diversos como Balmaseda, Berruguete, Jacobo Florentino, Diego de Siloe o Arnao Palla. Se considera que el paño de pureza es una aportación moderna, atribuida al imaginero local Ramón Álvarez, llegando a señalar que la imagen fue venerada en el pasado completamente desnudo. De magnífica factura, con un excepcional estudio de la anatomía humana, está considerado por Gómez Moreno como el mejor Crucificado del Renacimiento español.
El Descendimiento. Ramón Álvarez (1859)
Se trata del primer paso tallado por Ramón Álvarez para la Semana Santa de Zamora, por lo que introduce el cambio escultórico de la Pasión zamorana que se iba a desarrollar a finales del S.XIX. Sustituía a un grupo anterior que se vendió a la Cofradía de la Cruz de Tábara, formado con imágenes vestideras. En un primer momento, el encargo contratado con el escultor local no incluía la imagen del Cristo, quizá con la intención de reutilizar el anterior. Pero finalmente, el imaginero entrega el grupo completo, no pudiéndose estrenar en 1958, retrasándose un año más. Representa el momento en el que Cristo es descendido de la Cruz por José de Arimatea.
El Descendido. Mariano Benlliure (1879)
Es el primer grupo escultórico tallado por un jovencísimo escultor de 15 años, quien habiéndolo labrado en su taller de Madrid, tuvo que tirar un tabique para poder sacarlo del local, lo cual le mereció el desalojo de la vivienda. Sustituyó a un grupo anterior cuyas primeras referencias aparecen en 1700, que era de vestir y portado en unas andas de cuatro. El grupo era conocido popularmente como los «desmayados» e incluso como el «del cachete», por la postura de alguna mano. Destaca la figura de María con su Hijo en el regazo y los dedos entrelazados en sus cabellos. Desfila sobre una mesa tallada por José Antonio Pérez en 2004.
La Piedad. Manuel Ramos Corona (2004)
Talla de la Virgen María con su Hijo en brazos que representa la tradicional estampa de la Piedad –ya recreada acompañada de otras figuras en el paso El Descendido-. La imagen pasó por diversas vicisitudes. La imagen original se bendijo en 1995, pero la posición del Cristo en el regazo de la Virgen no gustó, lo que motivó una serie de intervenciones hasta su retirada y la talla de una nueva imagen, bendecida en 2004. Desfila sobre una mesa tallada por Ricardo Flecha en 2001.
La Conducción al Sepulcro. José María Garrós (1901)
Grupo escultórico inspirado en la pintura de Antonio Ciseri titulado «Transporto de Cristo» (s.XIX), conservado en Florencia. El grupo se bendijo en 1901, desfilando ese mismo año sobre una mesa tallada también por el mismo escultor y completada al año siguiente. El conjunto se ha mantenido a lo largo del tiempo hasta la supresión de los faroles y de la corona de la Virgen (recuperada posteriormente), así como la adaptación de la mesa a ruedas en 1965, retornando a hombros unas décadas después. Recibe el sobrenombre popular de “La pulga” por la posición de los dedos de la mano de Cristo, portado en una sábana hacia el Sepulcro. En 2005 estrenó nueva mesa obra de José Antonio Pérez.
San Juan y Nuestra Señora. Ricardo Flecha (2004)
Representa al apóstol san Juan y a la Virgen María con la cruz a sus espaldas, sosteniendo entre sus manos la corona de espinas y los clavos. Ambas imágenes formaban parte del grupo escultórico El entierro de Cristo, que comenzó a gestarse en 1994 con las imágenes de San Juan y la Virgen que fueron modificadas al año siguiente, desfilando como actualmente hasta 2004 cuando se bendijo el grupo completo, que no fue del agrado de la cofradía, lo que conllevó el abandono del grupo y el mantenimiento de las dos imágenes, rehechas y nuevamente aisladas. Es una recuperación del antiguo paso de San Juan y la Virgen, que cerraba el desfile desde la fundación de la cofradía, aunque el paso antiguo no desapareció en realidad, si no que se reforma en 1771 eliminando la imagen de San Juan y asumiendo la Virgen la advocación de la Soledad, que posteriormente se transformará para recibir el nombre de los atributos que porta en las manos: los clavos y la corona de su Hijo.
El retorno del Sepulcro. Ramón Núñez (1927)
El paso, propiedad de la Junta Pro Semana Santa, fue encargado para la cofradía de Nuestra Madre y se financió con un dinero cedido por el Gobierno Civil procedente del estraperlo del azúcar. Deja de desfilar con Nuestra Madre de las Angustias en 1949, siendo nuevamente cedido por la Junta Pro Semana Santa a la cofradía el Santo Entierro en 1954. En un primer momento desfiló entre la Urna y la Virgen de los Clavos, ocupando el lugar que cronológicamente le corresponde, pero en 1956 se consideró que desplazaba al paso titular y se le adelantó un puesto por delante del paso titular. Recibe el apelativo de «El camello» por la posición de unas de las marías sobre el sepulcro del Señor, cuya posición inclinada sobre el mismo le hace una importante joroba que fue reducida por Florentino Trapero en su restauración de hace unas décadas.
Cristo Muerto (La Urna). Luis Álvarez Duarte (2001)
Imagen titular de la Cofradía del Santo Entierro que sustituyó a la anterior de Aurelio de la Iglesia de 1898. Fue bendecida en la iglesia de San Andrés y recibe culto en la S.I. Catedral, en la capilla de Santa Inés. Cada Viernes Santo desfila sobre una urna de estilo neogótico tallada en 1892 por Justo Fernández, basándose en un diseño de catálogo. La mesa actual se labró en 1954, siguiendo el modelo de la urna, ampliándose en 1985 con motivo de su puesta a hombros.
Virgen de los Clavos. Ramón Álvarez (1887)
La advocación de la Virgen de los Clavos proviene del grupo de San Juan y Nuestra Señora, citado en los primeros documentos de la cofradía, donde se describe que la Virgen lleva entre sus manos un corazón con los tres clavos. En 1771 se reforma el paso y al dejar de desfilar el San Juan recibe el nombre de la Soledad, si bien recupera su anterior nomenclatura en el siglo siguiente. La talla es sustituida varias veces hasta que en 1887 el imaginero Ramón Álvarez entrega la que será su última obra. Como anécdota, la cofradía adquiere el manto de la Virgen en la casa C. Boubarg Deville de Lyon antes de encargar la imagen, por lo que la Virgen hubo de adaptarse a las medidas del manto.
Aunque en sus inicios no desfilaba con palio, a partir de 1901 comienza a hacerlo, siendo en la actualidad la única imagen zamorana que lo hace. El bastidor de la imagen, su mesa y el manto fueron reformados y ampliados.
HÁBITO
Los cofrades, hombres y mujeres, visten túnica y caperuz de terciopelo negro, portando la medalla de la cofradía y una vara con la Cruz y el sudario. Llevan cíngulo y decenario negro.
DÓNDE VERLA
Aunque la cofradía, por sus dimensiones y solemnidad, puede ser presenciada en cualquier punto de su recorrido –que integra destacados ejemplos del Modernismo zamorano con el románico y las viejas rúas del casco antiguo-, su recorrido hacia la Catedral desde la Plaza de Viriato (Rúa de los Francos, Rúa de los Notarios y la propia plaza de la Catedral) es un entorno ideal para contemplar sus pasos.

